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Se sientan en el Sofá

domingo, 27 de enero de 2008

TARTA DE MANZANA

Durante toda la comida sus ojos buscaban el suelo. Cada voz, cada ruido, la encogían, la inquietaban. A cada minuto esperaba oír el reproche que tanto temía, el grito que avergonzara su decisión. Miraba a todos lados, recelaba de toda sombra... estaba asustada. ¿Qué tenia de malo una comida con un amigo? Nada. Pero se sentía inquieta: él estaba en todas partes... su miedo estaba en todas partes.
El decidió pedir de postre café y esa tarta de manzana que antes habían visto "con esa pinta tan rica", como él dijo. El azúcar de la tarta fue levantando su mirada y descubrió que era precioso el cielo junto al mar, que el sol había decidido primaverear para ellos produciendo esa sensación suave que te lleva a quitarte algo de la ropa que el invierno obliga. Lo miró a los ojos y recordó que lo amaba, que reconocía que lo amaba, que sentía que lo amaba... la tarta resbaló por la comisura de sus labios y, al recogerla, sintió el ansia de sus besos, el deseo de sus manos, de apretarse, de apretarlo.
Y se vio a si misma diciendo en voz alta "llevame a tu casa", a esa casa dónde, por fin, se sentiría segura, dónde explotaría su amor en mil colores, en mil gemidos. Se vio desnuda y entregada, sintió uno a uno sus besos, su cariño, sus caricias, su ternura. Noto con alegría la ilusión en su cara, en sus poros que se retorcían a cada caricia, a cada trazo de sus dedos, a cada surco de su lengua, abarcándola toda, poseyéndola entera...
Un gemido seguido de otro mas le anunció la llegada del placer, del éxtasis prometido, del gozo de su cuerpo, de la paz en su mente. lo miró como se mira algo nuevo, recién estrenado, y lo apretó a su cuerpo enlazándolo con sus piernas para que no se escapara, intentando parar el tiempo y yacer así, con él, eternamente.
Pero la esperaban su casa y su perro, sus obligaciones, sus entrañas... debía volver y lo sabia, debía soltar el lazo de sus piernas, liberarlo, deshacerlo. Montó en el coche y, de vuelta a casa, decidió que lo que había pasado lo quería para siempre. La ternura, el amor, el deseo y su boca, esa boca y esos besos que habían reducido su voluntad a nada, a cenizas.
Y al despedirlo, después del último "te quiero", notó como sus ojos volvían a buscar el suelo, que cada voz, cada ruido la inquietaban, que posiblemente él leería en sus ojos la culpa, la vergüenza... el miedo.
STEVE

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Creo que es la autentica descripción de un amor prohibido, de un amor sincero que a pesar de estar lleno de barreras y prejuicios no pueden evitar.
Una amante que a pesar de sus miedos es capaz de arriesgarse por dar lo que lleva dentro y sentir ese amor que tanto necesita.
Precioso Steve.

Nanny Ogg dijo...

Qué pena que haya tenido que deshacer ese nudo para ir camino de otro menos hermoso.

Besos

Anónimo dijo...

Toda la historia se reduce a dos "te quiero" y un "no puedo"... o un "no se"... o un "no quiero"... Creo que eso no lo sabremos nunca

Suerte

Paula

paula dijo...

Pero que bonito que te hagan sentir así.