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Se sientan en el Sofá

sábado, 10 de octubre de 2009

CALLE SIN SALIDA




Paseaba sin rumbo por la ciudad entre abatido y abrumado. No se fijaba ni por dónde andaba, ni con qué gente se cruzaba en su camino. Tan sólo andar, caminar, intentando alejarse lo más posible de si mismo, sin conseguirlo.

Llovía. No era una lluvia copiosa pero lo suficiente para mojar su rostro, su pelo, su pena. Volvió una esquina sin rumbo fijo y, de pronto, se encontró ante un muro que no permitía el paso. Miró el muro casi sin verlo. "Calle sin salida", pensó, y se giró rápido 180 grados.

Al girarse se topó con ellos. Tres individuos de aspecto extranjero y tez aceitunada se refugiaban en sus gabardinas de la lluvia que arreciaba. "Lo que faltaba - pensó - Ahora un atraco". Pero miró a los tres tipos a los ojos y descubrió en ellos otra intención.

- Paz Mumiah - le saludaron pausadamente.

- ¿Como sabéis mi verdadero nombre? ¿Quienes sois? - gritó - ¿Os envía Él?

- Nos envía para reprenderte - habló el más rubio - Yo soy Ieiazel, a mi derecha está Veuliah y a mi izquierda Anauel Aunque tu sabes que lo estás haciendo mal. Tienes que saberlo. Tu alma debe de decírtelo a cada minuto.

- Si - confesó - He aprendido bien lo que son los remordimientos. Te queman las entrañas, te encojen el corazón, te hacen llorar. Los hombres viven con ellos y sufren. Pero su sufrimiento no es nada comparado con el mio. Yo... - incó una rodilla en el mojado suelo y se cubrió la cabeza con su mano derecha.

- Llora, siente tu pena, tu remordimiento - habló ahora Anauel - Te hará bien.

- Debes renunciar, no puedes seguir con ese sentimiento - dijo el llamado Veuliah - Hace daño a las personas - Tu misión no es hacer daño.

- No, no es mi misión - dijo Mumiah mientras se ponía ágil en pié - Es otra completamente distinta.

Miró frente a sí y ya no vio a las tres figuras que se habían apareciddo cerrándole la salida. Había dejado de llover y una brisa fresca se enredaba por su pelo, secándolo. Tenía su oportunidad y la aprovecharía. Tan sólo debía de procurar ser él mismo, seguir su destino, acatarlo.


Y salió de la calle sin salida a una acera llena de gente, ajena a quien era, a su remordimiento.,

Steve

7 comentarios:

Mar y ella dijo...

Los remordimientos corporalizados en una calle sin salida.Un escenario más común de loq ue mcuhas veces pensamos.
Muchas veces una oscvura calle sin salida,pero el ejercico que hay que hacer es justamente ese,girar en 180 grados y darle la espalda a ellos,para reinventar un nuevo camino el de mirar a los ojos diciéndo verdades....asi aunque doloras puedan llegar ser ,nuestras verdades,sólo caminaremos por la vereda de calles abiertas,llena de oportunidades...

Un beso...un abrazo
y por sobre todo mi admiración..


Mariella

Gala dijo...

La honestidad y honraded con nosotros mismos se traslada a los demas.
Siempre hay que llevar la claridad y trasnparencia en nuestros ojos para que podamos mirarnos en ellos sin ningún sentido de culpabilidad.
Muy bonito.

Besos

Nanny Ogg dijo...

¿Y a qué se debían esos remordimientos?

Besos

Sofy M dijo...

Me gusto mucho la entrada, las personas vivimos con culpas.Besos.

Elisabeth dijo...

Sentir el remordimiento, llorar, aceptar la pena... quizás sea el primer paso para dar ese giro de 180º y comenzar de nuevo la misión de buscar la felicidad.

Complicado pero lindo

La magia de mi pluma dijo...

A veces los remordimientos nos aprisionan tanto que somos incapaces de ver la salida...

Un abrazo

MAG dijo...

¿Y tu misión Steve?
¿la adivino? ....contagiar a quienes te leemos de vida, esperanza, siempre hay otra oportunidad...Hoy me llenas de vida

Besos

PD Me ha encantado la foto