Se sientan en el Sofá

jueves, 28 de febrero de 2008

LA CAZA DEL ZORRO

Vaya... Ya los oigo... Ya están aquí. Tu Sonrisa estrena caballo, ¿no?. Tu Inteligencia con la yegua fuerte y veloz a la que me cuesta tanto fintar. Tu Belleza siempre la primera y tras ella tu Mirada compitiendo con ella. No encuentro una madriguera, un rincón dónde esconderme de tus jinetes, de tus cazadores de corazones.
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Y ladrando, la jauría de tus besos que olfatean la presa con paciencia, con constancia, con intuición... asustándome, haciéndome retrocer a los oscuros agujeros en los que, sin éxito, intento esconderme. Corro y corro, exponiéndome, a campo abierto. Siento el aliento de tus suspiros ya en mi nuca, erizando el pelaje, calentando mi sangre. Se, noto, que me están acorralando, que no tardaré en ser cazado.
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Tu Hechizo casi lo consigue, ha estado cerca, muy cerca... falló por poco el disparo. Pero de pronto veo cabalgar tras de mi a tu Amor, con esa fe que sólo él puede tener en conseguir la presa. Salta un seto con holgura y, cayendo, casi sin ángulo, descarga sobre mi lomo una perdigonada de caricias que me dan de lleno.
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Caigo, no puedo correr. Noto como lentamente me desangro, como mis fuerzas se agotan, como mi resistencia es inútil, como mi vida se acaba. Y tus Manos descabalgan y me cojen, desuellan mi piel herida de caricias y entregan el trofeo al cazador, al triunfador de esta caza del zorro, a tu Amor
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STEVE

domingo, 24 de febrero de 2008

LA BOYA



Hace tiempo que Steve lo veía durante el paseo que todas las tardes se obligaba a dar por el muelle del oeste. Todos los días, sin excepción, en el viejo pantalán. Sentado, la caña de pescar largada con la boya flotando y meciéndose lentamente a un lado y a otro al ritmo de las tranquilas olas, en un baile de irregulares vaivenes que hacía fijar los ojos, siguiéndola inevitablemente, cayendo en su hechizo hipnótico, místico, al que dedicaba cada día la hora de descanso de su paseo, una hora todos los días viéndole pescar.


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A intervalos regulares, el hombre metía un cacillo en el cubo que tenía a su derecha y arrojaba al mar una mezcla maloliente de pescado y pan.


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-“Para cebar a los peces, para atraerlos - pensó Steve – y así poder pescar mas”


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Pero el hombre nunca pescaba nada. Por más que Steve esperara jamás vio picar un solo pez en la caña del hombre. Una tarde optó por acercarse más. Bajó al pantalán y saludó al hombre con aire educado, cortes. Le devolvió el saludo entre una afable sonrisa y un movimiento campechano de su brazo izquierdo que sujetaba un cigarro. Poco a poco, tarde a tarde, la conversación y la confianza entre los dos hombres aumentó, por lo que Steve reunión la valentía necesaria para preguntar:


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-“Oye, Paco – ese resultó ser su nombre – Quisiera preguntarte algo… Tu nunca pescas nada y sin embargo vienes todas las tardes… ¿No te cansas?”


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- “¿Yo? ¿Quién te ha dicho que vengo a pescar? Vengo todos los días a ver la puesta de sol tan hermosa de este lugar. Mientras espero, alimento a los peces con lo que traigo en el cubo. Mira – dijo sacando el anzuelo del mar – ni siquiera llevo cebo”


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- “Entonces… ¿para que traes la caña?”


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- “Para disimular… si me viera la gente todos los días sentado aquí y dando de comer a los peces, me tomarían por loco y me enviarían a un asilo”


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Desde aquel día se puede ver a los dos amigos todos los días, sin excepción, siempre a la misma hora, en el viejo pantalán, Sentados, las cañas de pescar largadas. A intervalos regulares, o bien Paco o bien Steve, meten un cacillo en el cubo que hay entre los dos y arrojan al mar una mezcla maloliente de pescado y pan.
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A cambio la Naturaleza les ofrece el espectáculo inigualable de una preciosa puesta de sol. Un baile eterno entre el mar y el sol. Una sinfonía de colores, de luces y sombras, de paz y tranquilidad…
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STEVE

lunes, 18 de febrero de 2008

LA MAQUINA

El médico me miró directamente a los ojos:
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- Mira - me dijo - los resultados están claros. Cada vez que duermes, te mueres sesenta y tres veces a la hora.
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Muchas muertes me parecen esas para una persona de mi inteligencia, pero si él lo dice... Y yo sin ver la famosa luz. Nada; sesenta y tres veces a la hora y ni un maldito destello, ni un camino, ni una cara conocida, ni un angelote de esos pequeñitos... Nada. Será que no me quieren en ninguna parte y me devuelven. Ya veras ya, voy a coger un complejo por esto que me llevará a una depresión... ¿pero si cojo una depre que hago?. Para que suicidarme, bastará con dormirme. Tendré que coger una depresión muy grande para morir sesenta y tres veces a la hora... Sesenta y tres veces por siete horas... cuatrocientos cuarenta y un intentos de suicidio fallidos... ¡Qué fustración! y sobre todo que pesadez... morirse tantas veces para nada... ¡Que esfuerzo tan inútil!
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Eso si... mirado por el otro lado... a ver quien es el guapo que me iguala... ¡cuatrocientas cuarenta y siete muertes en una noche! ¡A ver quien supera eso! No, si yo, cuando hago una cosa, la hago a lo grande, sin pararme en gastos, sin mirar cantidades... ¡P'a chulo yo, oye!
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- Sesenta y tres veces por hora - insistía - sale a más de una vez por minuto... Es un resultado severo.
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Lo ves... muerto de envidia está. En vez de hacer el cálculo por lo alto, lo tira por lo bajo... ¡Envidioso! Si te va a dar igual 1.05 por minuto que cuatrocientas cuarenta y siete veces por noche de 7 horas. Lo único que a ver como demuestro yo que hago ese 0.05 de muerte al minuto... Lo hace para liarme, para menospreciarme, para decirme "severo".
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- Sesenta y tres paradas cardiorespiratorias supone que no descansas, que no duermes. Tu corazón - explicó - pasa la noche sufriendo - (¿En qué prueba ha visto este mis sentimientos? ¿Como sabe que te quiero, que te echo de menos?) - y tu cerebro pasa la noche despierto para poder resucitarte sesenta y tres veces por hora (si, ya lo se; 1.05 veces minuto).
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Intolerable... que mi corazón sufra es normal, ya estoy acostumbrado, pero que mi cerebro no duerma para poder resucitarme me parece intolerable. ¡Hay que hacer algo! Esto no puede continuar así... Ahora entiendo lo malo que soy escribiendo... mi pobre cerebro está agotado, insomne, siempre alerta, a la que salta, vamos...
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- Pero tiene fácil solución - ¿ha dicho fácil? Mi corazón sufre, mi cerebro desvelado y él lo ve fácil. Como se nota que no le pasa a él. Habrá que operarme, digo yo...¿Pero qué? ¿El corazón? ¿El cerebro? - te conectamos a esta máquina y veras como notas los efectos beneficiosos enseguida.
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Y aquí estoy... ya no duermo solo. Hay que verme conectado... Todo un espectáculo. Ahora duermo enganchado a una máquina. Una hermosura que vigila por mi, que permite a mi cerebro descansar (mi corazón sigue sufriendo, pero es por ti, por verte tan poco...) que evita que muera esas cuatrocientas cuarenta y siete veces por noche, sesenta y tres veces por hora y 1.05 veces por minuto.
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¡Qué curioso! Una máquina que me hace féliz.
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STEVE

lunes, 11 de febrero de 2008

TODO SE REPITE

Tantas cosas, tantos cuerpos, tantos años..... para verte esta noche y verme hundido, reventado en trozos de corazón saltando por los aires, explotando en tu cara, delatándome....
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Y que pasa si aún te quiero?? Qué mentira vivo mientras añoro tus caricias?? No me dió la muerte otra oportunidad para perderte eternamente??
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Ingenuamente te he sonreido. Mi alma florecía al oirte... te casaste... te separaste... estoy bien, si... te esperaba. Claro, claro... quedaremos, mentiremos, disimulando.... Pero a la sonrisa le ha seguido una caricia..... a la caricia un beso... al beso ... al beso la agonía de tener tu cuerpo bajo el mio intentando retenerte mientras mis manos gritan "no te vayas!!, no te vistas, quédate, al menos, toda la vida".
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Y un "me voy que no he cenado" ha sido tu tonto broche, tu despedida. "No te preocupes, nos veremos pronto. yo te llamo".... el mismo "yo te llamo" de la última vez que te marchaste, con el mismo "no seas tonto, déjame ir", con el mismo beso tibio de despedida de hace 10 años. Y tu olor por todo mi cuerpo... mi cuerpo dentro de ti... mis manos vacias, mi corazón temblando....
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Retenerte es imposible, ya lo se, siempre lo supe... Y volviendo a casa muy despacio, me he convertido en nube.... y me he ido a llorar por ti.... y por el suelo que siempre está en el mismo sitio, mojándolo.
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STEVE

lunes, 4 de febrero de 2008

EL CAMINO (Final nº2)

Él estaba triste. Se habían intuido palabra a palabra. Se conocieron jugando con sus corazones, dedo a dedo, en las noches cálidas de un verano distante y malva. Sus manos no conocían su piel. Sus labios no probaron los de ella. Quizás amaba, pero eran de otro sus suspiros.
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La playa estaba solitaria en la avanzada madrugada. La brisa erizaba su piel. Estaba solo frente al mar y lloraba. Lloraba de manera espesa y lenta, mojando la húmeda arena con gotas de su alma. No encontraba el camino. Fracasaba. El peso de la vida en sus espaldas era casi insoportable. ¿Qué hacer? Creyó fácil encontrar senderos que le llevaran a la realidad que intuía cierta, pero obstáculos invisibles flanqueaban los caminos.
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De pronto, el milagro, la solución: ante sus ojos se extendía un nuevo sendero, una nueva promesa. Se reflejaba plateado sobre el mar, perdiéndose en el horizonte, haciéndose infinito. Decidió seguirlo por si fuera ese el correcto y comenzó a caminar a buen ritmo por la playa. La tristeza se tornó en esperanza al notar el agua en sus pies. Siguió avanzando mientras pudo, hasta que, para no ahogarse, tuvo que empezar a nadar.
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Nadaba rítmicamente, cadenciosamente, como bailando. Un brazo, luego el otro… sin desfallecer, alegremente. ¿Habría encontrado, al fin, lo que buscaba? Clareaba el cielo antes tan oscuro, y con la luz se borró el camino. ¿Hacia dónde seguir? ¿Dónde dirigir las brazadas? Comenzó a reír a carcajadas. Supo que se había equivocado. ¿Por seguir el reflejo de la luna llena sobre el agua? No, no era eso. Ella no podía haber seguido ese camino. Ella no sabía nadar.
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Lo encontraron medio muerto unos pescadores a medio día. Temblando, asustado, como un niño. Sus ojos perdidos en el horizonte, en el infinito. Nadie pudo arrancarle una palabra, nadie supo su historia, nadie de su amor, de su coraje. Nadie al fin de sus carcajadas de loco enamorado.
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El hospital era un sitio cálido dónde curar su cuerpo, dónde apaciguar su alma. Pasaba los días, uno tras otro, como en fila, mirando el mar tras la ventana, buscando aquel camino plateado en el que puso toda su fe. “Tal vez, si hubiera nadado más deprisa…” Estaría ahí otra vez la próxima luna llena.
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La playa estaba solitaria en la avanzada madrugada. La brisa erizaba su piel. Estaba solo frente al mar, mirando el plateado camino, y otra vez lloraba. Lloraba de manera espesa y lenta, mojando la húmeda arena con gotas de su alma. Había llegado el momento de lanzarse otra vez al agua.
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No había dado aún ni cinco pasos cuando oyó su voz: “¡No vayas!”. Se giró y la vio salir de las sombras de la playa. Al acercarse a ella, al coger sus manos, pudo ver en sus ojos reflejada la luz de la luna. “Yo tenía razón. Encontré el camino. Sólo equivoqué la dirección”. Se besaron dulcemente regalándose caricias tanto tiempo guardadas.
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Los pescadores llevaron su historia de puerto en puerto. La historia de un loco que nadaba en la estela de la luna sobre el mar. Ella sólo tuvo que esperar la luna llena en la playa para encontrarle. Sabía que lo volvería a intentar.
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STEVE

domingo, 3 de febrero de 2008

EL CAMINO (Final nº 1)

Él estaba triste. Se habían intuido palabra a palabra. Se conocieron jugando con sus corazones, dedo a dedo, en las noches cálidas de un verano distante y malva. Sus manos no conocían su piel. Sus labios no probaron los de ella. Quizás amaba, pero eran de otro sus suspiros.
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La playa estaba solitaria en la avanzada madrugada. La brisa erizaba su piel. Estaba solo frente al mar y lloraba. Lloraba de manera espesa y lenta, mojando la húmeda arena con gotas de su alma. No encontraba el camino. Fracasaba. El peso de la vida en sus espaldas era casi insoportable. ¿Qué hacer? Creyó fácil encontrar senderos que le llevaran a la realidad que intuía cierta, pero obstáculos invisibles flanqueaban los caminos.
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De pronto, el milagro, la solución: ante sus ojos se extendía un nuevo sendero, una nueva promesa. Se reflejaba plateado sobre el mar, perdiéndose en el horizonte, haciéndose infinito. Decidió seguirlo por si fuera ese el correcto y comenzó a caminar a buen ritmo por la playa. La tristeza se tornó en esperanza al notar el agua en sus pies. Siguió avanzando mientras pudo, hasta que, para no ahogarse, tuvo que empezar a nadar.
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Nadaba rítmicamente, cadenciosamente, como bailando. Un brazo, luego el otro… sin desfallecer, alegremente. ¿Habría encontrado, al fin, lo que buscaba? Clareaba el cielo antes tan oscuro, y con la luz se borró el camino. ¿Hacia dónde seguir? ¿Dónde dirigir las brazadas? Comenzó a reír a carcajadas. Supo que se había equivocado. ¿Por seguir el reflejo de la luna llena sobre el agua? No, no era eso. Ella no podía haber seguido ese camino. Ella no sabía nadar.
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Lo encontraron muerto unos pescadores a medio día. Nadie supo su historia, nadie de su amor, de su coraje. Nadie al fin de sus carcajadas. No pudo ser, como hombre juzgado. ¿Otro loco? ¿Un suicida? Un hombre en busca de su sueño, un inmortal, un poeta.
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STEVE

miércoles, 30 de enero de 2008

LA NIÑA

Me encontraba trabajando. De esos días en que, a pesar de que una mariposa revoloteaba por mi cerebro, me sentía feliz sin saber por qué... o sin poder explicarlo. La tarde era preciosa y cálida. Yo paseaba por la acera de un lado a otro, paseando mi hastío y mi uniforme, como un desfile corto arriba y abajo, arriba y abajo. Saludaba a uno de la metadona cuando sentí un tirón en el pantalón. Miré hacia abajo y allí estaba, con su manecita buscando la mía, sus grandes ojos mirándome y desafiando al mundo entero con su negro pelo encrespado. La falda del uniforme caída, los calcetines bajos, el índice izquierdo en la boca y la mano derecha en la mía.
-Hola-me dijo-soy Lucía Navarro y me he perdido.
Tan serio me lo dijo que casi me carcajeo mirando esa expresión tan de adulto si el tema no hubiera sido tan serio. Una niña perdida. Su madre, seguro, loca buscándola, sin consuelo.
Le dije:-Ven conmigo. Vamos a buscar a tu mamá.
Y obediente entró conmigo en el edificio, haciéndose rápidamente la dueña de la situación, provocando que, de no se sabe dónde, aparecieran por arte de magia galletas, caramelos, bombones y una coca cola que pidió caprichosa. Mientras yo me comunicaba con la Policía Local denunciando el caso. Ya tenían conocimiento de la niña perdida. Su madre estaba por la zona como loca buscándola y había dejado un número de móvil. Ellos la avisaban y se personarían en mi servicio.
No pasaron 15 minutos cuando entró la madre llorando. Desconsolada se la comía a besos, la apretaba tanto que tenía que dolerle a la chiquilla. Nos miraba a todos con una cara de agradecimiento y de alivio que ponían los pelos de punta.
-Se ven unos casos últimamente con los niños... - dijo recuperando el resuello.
Todos nosotros ya estábamos tristes pensando que Lucía desaparecería pronto de nuestras vidas. Por treinta minutos había sido la reina de la oficina y ya suspirábamos echándola de menos antes de que se fuera.De pronto se acercó a mi, me volvió a coger la mano y dijo con esa voz de pito:
-Vámonos, mamá- y tiraba de mi hacia la calle. Fue la risa general de todos la ocurrencia de la cría. Pero yo la miré a los ojos y comprendí que ella había intuido, como sólo un niño puede intuir, que yo parecía alguien de fiar. Yo pensé en irme con ella... con tres años me había cautivado.
STEVE

domingo, 27 de enero de 2008

TARTA DE MANZANA

Durante toda la comida sus ojos buscaban el suelo. Cada voz, cada ruido, la encogían, la inquietaban. A cada minuto esperaba oír el reproche que tanto temía, el grito que avergonzara su decisión. Miraba a todos lados, recelaba de toda sombra... estaba asustada. ¿Qué tenia de malo una comida con un amigo? Nada. Pero se sentía inquieta: él estaba en todas partes... su miedo estaba en todas partes.
El decidió pedir de postre café y esa tarta de manzana que antes habían visto "con esa pinta tan rica", como él dijo. El azúcar de la tarta fue levantando su mirada y descubrió que era precioso el cielo junto al mar, que el sol había decidido primaverear para ellos produciendo esa sensación suave que te lleva a quitarte algo de la ropa que el invierno obliga. Lo miró a los ojos y recordó que lo amaba, que reconocía que lo amaba, que sentía que lo amaba... la tarta resbaló por la comisura de sus labios y, al recogerla, sintió el ansia de sus besos, el deseo de sus manos, de apretarse, de apretarlo.
Y se vio a si misma diciendo en voz alta "llevame a tu casa", a esa casa dónde, por fin, se sentiría segura, dónde explotaría su amor en mil colores, en mil gemidos. Se vio desnuda y entregada, sintió uno a uno sus besos, su cariño, sus caricias, su ternura. Noto con alegría la ilusión en su cara, en sus poros que se retorcían a cada caricia, a cada trazo de sus dedos, a cada surco de su lengua, abarcándola toda, poseyéndola entera...
Un gemido seguido de otro mas le anunció la llegada del placer, del éxtasis prometido, del gozo de su cuerpo, de la paz en su mente. lo miró como se mira algo nuevo, recién estrenado, y lo apretó a su cuerpo enlazándolo con sus piernas para que no se escapara, intentando parar el tiempo y yacer así, con él, eternamente.
Pero la esperaban su casa y su perro, sus obligaciones, sus entrañas... debía volver y lo sabia, debía soltar el lazo de sus piernas, liberarlo, deshacerlo. Montó en el coche y, de vuelta a casa, decidió que lo que había pasado lo quería para siempre. La ternura, el amor, el deseo y su boca, esa boca y esos besos que habían reducido su voluntad a nada, a cenizas.
Y al despedirlo, después del último "te quiero", notó como sus ojos volvían a buscar el suelo, que cada voz, cada ruido la inquietaban, que posiblemente él leería en sus ojos la culpa, la vergüenza... el miedo.
STEVE

miércoles, 23 de enero de 2008

LA ALMOHADA

Las notas de tus susurros apagados recorrian impacientes las líneas telefónicas hasta llegar hasta mi alma, acariciándola. Todo parecía perfecto, metódico: yo hablaba y hablaba y tu reias con mis ocurrencias, con mis locuras. Tu día se convertía en feliz bien entrada la madrugada. Como casi siempre que hablamos conseguía desgranar uno a uno tus fantasmas, tus sinsabores, haciendo brotar la risa que se te negaba, la felicidad que la vida te enseñaba como un pecado mortal.
Y de pronto... una frase. Una frase desnuda de malicia, ajena al doblez, a la discusión, me recordó que no eres mía, que no te sientes mía, que en la almohada hay un hueco dónde él pone su cabeza.
A veces no puedo soportarlo... pensar en su cuerpo a tu lado, tan cerca de mi anhelo que parece que me toca, que lo huelo, que lo espero en tu lugar para que no te mire, ni te sienta suya. Lo noto respirar tan cerca de ti que me desvelo cuidándote inútilmente, protegiéndote en vano de su desprecio, su desden y su deseo...
A veces no puedo soportarlo... Convivir con el hecho cruel de que eres de otro, de que mi amor debe esconderse, bajar la voz, avergonzarse.
Besos escondidos, sin tu almohada, clandestinos...
STEVE

sábado, 12 de enero de 2008

EL CASON


Yo nací en esta calle... y ya de pequeño me atraía y me aterraba este casón. Como entonces estaba abandonado, los críos nos colábamos por cualquier agujero y entrábamos en esta casa encantada, con su escalera llena de pinturas de "fantasmas", su suelo de madera medio podrida que crujía incluso con nuestro peso de niños, y sus ventanales tapados con altas contraventanas de madera del suelo al techo... Fue la casa encantada de mi niñez, la prueba de la valentía infantil, el sitio dónde empecé a fumar...
Cuentan que el Señor de la casa (reconocido escritor y periodista de la ciudad) como se estilaba en esa época (1834 - 1902), sedujo a una criada a la que dejó embarazada. Esta dio a luz un varón y madre e hijo desaparecieron sin dejar rastro. La leyenda cuenta que la Señora de la casa enterada del hecho y para evitar el escándalo, convenció al marido infiel a solucionar el asunto de manera trágica, asesinando a ambos y enterrándolos en el sótano de la casa. El arquitecto consiguió un acta de diputado, dedicándose a la política y viviendo en Madrid, lejos de la esposa y del lugar de su no probado crimen. Los frescos en las paredes de la escalera central de la casa no son mas que remordimientos de una mente atormentada, la de la Señora de la casa, autora de dichos frescos...
Ahora he vuelto a visitar la casa, reconstruida, renovada, rejuvenecida... y me he enterado de que al realizar las obras, en el sótano, aparecieron enterrados los cuerpos de una mujer y un niño recién nacido. El lugar se ha señalizado con un círculo de cristal blanquecino, opaco, siempre iluminado por una blanquecina luz de neón. Así se "señaliza" el crimen de un hombre rico que quedó sin castigo... ¿o fue la mujer la asesina?

lunes, 7 de enero de 2008

PILAR

Pilar y yo nos conocemos desde... desde que estoy en esto... ¿ocho años? (¡qué barbaridad!) y ya estaba tardando mucho en hacer público homenaje a esta mujer que me ha ayudado tanto a resolver partes de mi vida.
Pilar y yo lo hemos sido todo. Incluso una vez nos convertimos en niños y nos "hicimos novios". Pero reconozco que ella ha sido siempre un poco mas todo que yo. Yo siempre he actuado con ella de la manera mas necia que una persona puede actuar con otra. Y para que hablar de mis desapariciones, absurdas, sin sentido... Y ella siempre a respetado mi necedad y me ha acogido una y otra vez, siempre dispuesta a darme lo mejor de si misma en cada regreso. Me da ese amor alegre que se le da al hijo pródigo. Contenta de mi regreso sin preguntar por qué me fui, sin importar a dónde fui.
Sabemos que nuestras almas están condenadas a juntarse una y otra vez en un baile infinito, quizás cósmico, tal vez eterno. Y el que yo me rebele de vez en cuando no tiene sentido, es sólo necedad y ella lo sabe. Incluso diría que se alegra que me aleje por que disfruta con mi regreso... resignado, enfadado, necesitado. Me trata como a un niño, por que me convierto en niño a su lado. Y yo soy feliz de desprenderme de las ataduras del adulto, de los miedos...
Nunca agradeceré bastante a la vida que te pusiera en mi camino... cuanto he aprendido de ti, cuanto me has dado. por eso, ahora que me he enterado que me lees, y por que lo mereces, te dedico este post para decirte que ya te echo de menos, que me perdones, que vuelvo... ¿Me aceptas, me acoges... hablamos?
Quiero mis Reyes

miércoles, 26 de diciembre de 2007

ESPERANZA

Cuanta desesperanza produce la esperanza. Me dices que me quieres, que me espere, que te espere... Aún supones que todo ha de tener sentido, como si no fuera ya un milagro sentir como sentimos. Y yo, ¿qué haré conmigo ahora?¿Qué hacer mientras decides si amas mucho o si prefieres días de ausencias y de lluvia, largos y desafinados, sin color?
No he llenado mis manos con tu cuerpo, pero estalló el amor que contenías, que colma tu esencia de mujer y tus entrañas. Estás lista para amarme, pero crees ser de otro y deshojas uno a uno los pétalos de tu cobardía. Si todo fuera tal y como yo lo sueño, nos bastaría el corazón. Pero estas tan llena de prohibiciones que haces que me sienta un fuera de la Ley.
Intento ahogarme en fantasías sin sentido, en sueños de fe, de vida, de esperanza... Me visto con la fuerza del viento, intentando derribar defensas y miedos tan solo con la risa. Y llego a creer que aún te desatarás ardiente por entre mis días, que mirarás a la vida cara a cara, con aires de indiferencia, afrontándote a ti misma.
Tu no me amas. Te empeñas en invertir en mi amor. A plazo fijo, sin riesgos que alteren para nada tu vida. Y te entiendo, de verdad que te entiendo. Tu vida no camina ahora mismo por tranquilos senderos. Tus problemas ahora son otros, no yo.
Creeme cuando te digo que siempre estaré ahí, que intentaré que te llegue mi mano amiga, que puedes contar siempre conmigo. Eso está jurado. Pero permíteme que te espere en otra calle, en otra esquina... Ya no distingo tu luz entre la niebla que rodea tu amor lejano y ajeno y no quiero sentir la locura de la esperanza, el tiempo pasando lentamente mientras surgen los reproches y mi vida se llena de prohibiciones.
Te estás perdiendo la vida y mi amor sin apenas saberlo.
Steve

lunes, 24 de diciembre de 2007

24 DE DICIEMBRE

24 de Diciembre pòr la mañana. Las 10 . Toda la noche trabajando y encima estas horas no esperadas... y van +2. Navego aburrido por el ciber espacio y me encuentro con una frase en un blog que me deja con los ojos abiertos, muy abiertos, a pesar del sueño, del cansancio...
SOLO CUANDO MUERAS SABRÁS LO MUCHO QUE TE QUIEREN.
Pues vaya mierda de vida!! Pensé que eso solo le pasaba a los pintores, a la gente que deja algo para la posteridad, pero a un pobre segurata como yo, ¿por qué le pasa?. Quizas hemos cerrado tanto la puerta de nuestro corazón, lo hemos recubierto de armaduras, mascaras, protecciones contra el dolor, que ya no sabemos decirnos un "te quiero" abriendo nuestra alma a los demas. Y luego esa frase maldita de "es tan fácil decir te quiero" ha roto todo el posible encanto de estas palabras, las ha llenado de un aseptico vacío en el que nos apoyamos para no sentirnos, no sentir...
He decidido que la gente a la que quiero no van a tener que morir para saber que YO las quiero... Ellos/as que hagan con eso lo que quieran, no importa. Pueden sentirlo, reirse o ponerse el mundo por montera y seguir encerrados en sí mismos hasta la eternidad, pero a mi no se me escapa nadie sin tirarle a la cara mi "te quiero" mas cariñoso, mas tierno y dulce que jamás hayan oido (me da lo mismo que piensen que me estoy amariconando, yo a lo mio, a mis "te quiero's")
Por cierto que este iba a ser un post de Navidad, de felicitación a todos los blogeros, a mis poco lectores, a mi gente... Pero lo cambio.... completamente.
Sres y Sras blogeros, Sres y Sras lectores... gente en general
OS QUIERO

domingo, 9 de diciembre de 2007

MADRUGAR

Amanecía el domingo cuando cogí mi coche para ir a trabajar… El fastidio de del madrugón me hinchaba los párpados. Sólo anhelaba oír la joven voz de Sara ofreciéndome, con una sonrisa de complicidad, un café cargado para poder funcionar.

Al parar el coche la vi. A penas estrenaba los 20 años. Se agarraba a un enorme bolso negro que parecía llevarla a ella. La mirada perdida, sumida en un mundo dónde ni se siente ni se padece, en un mundo de alcohol, cocaína, pastillas y semen, de maquillaje desvanecido. El vestido descompuesto enseñaba su piel en un generoso escote, las medias flojas, arrugadas. Víctima de algún desalmado vampiro nocturno a quien cambió sus encantos de niña por un gramo en el cuarto de baño, abandonándola después… o escapando ella. No se si buscaba su casa o el local de la calle paralela que cierra a medio día. Pero sus piernas no conseguían, pese al esfuerzo, no tropezar. El café reparador tendría que esperar.

- “Estás bien - le dije - ¿Necesitas algo?” – ofrecí…

Me miró sin verme y me apartó como pudo de su camino. Desistí; ella sólo quería irse, como si llevara un navegador en su cerebro que marcara su destino…

Jamás me supo tan amargo un café de domingo, ni tan triste la sonrisa de Sara. Jamás me alegré tanto de no tener una hija.

martes, 4 de diciembre de 2007

EL LADO FEMENINO

No trabajaba y me apeteció (¡qué tontería!) mezclarme con mi coche en el tráfico de la ciudad. Cuando uno trabaja a deshoras, a veces le hace falta un baño de normalidad para saber que aún forma parte de esta locura.
Como decía, intentaba abrirme paso en el intenso tráfico de primera hora de la mañana, cuando de pronto sonó rotunda, como elevándose del ruido de la ciudad, en la radio del coche. No la esperaba y fue como un tiro... directo al corazón: Whitney Houston con su canción de "El Guarda espaldas".
No me trae recuerdos de nadie en particular. No relaciono ningún hecho a esta canción. No me han dejado, amado o hecho el amor con ella. Ni siquiera tengo el CD. Pero está canción siempre ha sacado el lado femenino que llevo dentro, siempre me ha emocionado, siempre me ha hecho llorar...
Y ahí me tenéis. Parado en un eterno semáforo en rojo, con Whitney gritando "siempre te amaré" y llorando a moco tendido y sin poderlo evitar... ¿Que pensarían los peatones que cruzaban el semáforo en ese momento? Y, sobre todo, ¿qué clase de cachondeo, chufla, choteo y/o descojono tendría el conductor del coche paralelo al mio? Volví la cabeza dispuesto a defendenderme con un "¡Qué pasa!" y de pronto vi a otro ser humano como yo, escuchando la canción y soltando la primera lágrima...
- "Chico, a mi es que esta canción me pone que, como no cambie pronto el semáforo, verás...."
Y es que el otoño y, sobre todo, la belleza, extraen ese lado femenino que llevamos dentro los hombres.